lunes, 25 de mayo de 2009

La vecindad de Albert Hofmann: Ernst Jünger (I)


La obra de Ernst Jünger, desde su íntima relación con el descubridor de la LSD, nos ofrece un privilegiado pórtico de acceso a los diversos calados de experiencia que ofrecen las sustancias visionarias. No en vano quizá sea Jünger el pensador de mayor relieve que se haya adentrado, con tesón, por estas veredas. Las referencias a los enteógenos salpican su obra e, incluso, dos de sus libros –“Acercamientos” y “Visita a Gödenholm”- están dedicados monográficamente a la experimentación con sustancias. Su interés por la variedad y los límites de la experiencia humana le venía de lejos. En tales órdenes de vivencia Jünger quiso ver una importante herramienta de cara a calibrar el significado y los contextos del conocer humano. Su intimidad con Albert Hofmann y el encuentro con la LSD no hizo sino enriquecer esa perspectiva de investigación y estudio. Análogamente la enorme curiosidad intelectual del químico suizo, en buena medida aquilatada en la intimidad con este pensador, encontró la mejor atalaya para el reconocimiento de su experiencia con el alcaloide.


La relación entre ambos cristalizó en modos de vecindad espiritual que el propio Hofmann nos describirá de la siguiente manera: “Irradiación es un término que expresa muy bien la manera en que influyeron en mí la obra literaria y la personalidad de Ernst Jünger. A través de su modo de mirar, que capta estereoscópicamente la superficie y la profundidad de las cosas, el mundo adquirió para mí un brillo nuevo y translúcido. Esto ocurrió mucho antes del descubrimiento de la LSD… Desde hace cuarenta años, una y otra vez, releo El corazón aventurero… En cada página se vuelve visible lo maravilloso de la creación y se toca lo único e imperecedero que hay en cada ser humano mediante la descripción precisa de la superficie y el traslucir de las profundidades. Ningún otro poeta me ha abierto tanto los ojos…”


Superficie y profundidad. Quizá sean éstas las palabras que nos dan la clave de la colosal influencia de la obra de Jünger en la vida y pensamiento de Albert Hofmann.. No es algo que deba extrañarnos. Consideremos que su obra dimana de una búsqueda interior en pos de los enigmas de la vida hasta los límites de la capacidad de experiencia. Jünger no es un doxógrafo universitario ni un teórico libresco. Lejos de ello, la lectura de su obra invita a un viaje por diversas estancias. Tales estancias serán el fiel reflejo de cómo ésta queda enhebrada en la propia vida desde el refinamiento constante de su capacidad de experiencia en ese afán de profundidad. Una profundidad que, devenida pura superficie en su emerger a la percepción, mostrará sentido, hilazones, conexiones y planos de sentido. Desde tal viaje la obra de Jünger se configurará como una inmensa caja de resonancias y figuras. Su obra acompaña al lector invitándole, muy discretamente, a ese “arte de la superficie y las profundidades”; si es el caso. Sus reflexiones desgranarán múltiples niveles de lectura. La especulación intelectual será pues, para este maestro discreto, un marco de indagación en el espíritu humano y en sus devenires de plenitud y extravío. Su creatividad intelectual quedará renovada permanentemente en esa figura del esperanzado que tan bien advierte Isidro Palacios en tanto constante de su obra, en tanto figura de figuras. Desde tal esperanza brotará en Jünger una capacidad de alquimia capaz de elevarse sobre dos guerras mundiales, sobre el fracaso de la política, sobre la muerte de su hijo y sobre el terror gélido de la guerra técnica. La figura del esperanzado, del esperanzado en la aventura del espíritu, ubica y vincula el corpus jungueriano en la unidad de una vida indestructible que siempre se renueva. La vida indestructible de Dionisos; la vida que siempre vuelve y retorna siendo la misma; la vida que, como Dionisos, eternamente muere y resucita… Una esperanza, la de Jünger, que por cierto no puedo dejar de ver con nitidez en la palabra y la mirada del Hofmann que vi en Basilea. No conviene olvidar que la intensa relación intelectual entre ambos enmarcará la capacidad del químico suizo para atisbar y calibrar la magnitud de su descubrimiento.


Así las cosas, no nos podrá extrañar la seducción de ambos por esa visión poderosa que cualifica los sentidos y revela la profundidad de la vida en la superficie de todo acontecimiento. Me refiero a esa disposición del ánimo y a esa transparencia cognoscitiva que es capaz de presentir, en palabras de Jünger, “la identidad de superficie y profundidad, de forma análoga a como el segundo es idéntico a la eternidad”. Jünger apelará a la propia tradición occidental a la hora encontrar los referentes de esa visión de poder. En este mismo sentido no será de extrañar que, preguntado Hofmann sobre la actualidad de los referentes chamánicos en relación a los usos de sustancias visionarias, éste apelara a la vigencia de lo que nuestra cultura occidental puede brindarnos desde una reubicación de la misma. A buen seguro más de lo que podemos imaginar. Se trata de una nueva mirada capaz de descubrir en nuestra propia piel futuros inéditos de nosotros mismos.


En realidad, toda esta relación entre pensamiento y capacidad de experiencia con el telón de fondo de nuestra propia tradición intelectual, será el sustrato del expreso y nítido reconocimiento que hace Hofmann de la obra de Jünger. Desde lo dicho, ambos compartirán afinidades intelectuales y también experiencias enteogénicas. Hofmann, descubridor de la LSD, encontró en Jünger no sólo uno de sus privilegiados compañeros de investigaciones y experiencias sino un maestro discreto.


Ya nos hemos referido a la superficie y la profundidad en las propias palabras de estos dos autores. A este respecto, no deja de ser curioso que si nos atenemos a los efectos de las sustancias visionarias podríamos, del mismo modo, acudir a esta bella metáfora de la superficie y la profundidad. Y es que, en la experiencia enteogénica, toda superficie -para bien o para mal- parece dejar emerger una determinada profundidad… Esto es, una profundidad oculta que se revelará en la significación de la superficie y en la cualificación de datos sensoriales y procesos perceptivos. No estaremos pues ante una imaginería alucinatoria o de recreo sino ante una textura, a veces densa, que emerge y exige atención. La profundidad así revelada, en realidad, no será sino el espejo de la textura y estado de nuestra alma. Aunque, acaso, quepa ir más allá de este válido y pertinente nivel de experiencia puramente psicológico.


Podríamos añadir una palabra más a superficie y profundidad en el natural enhebramiento de los efectos de la LSD y de la obra de Ernst Jünger. Me refiero al término advenimiento. Con esta expresión Jünger señala esos momentos privilegiados en que las profundidades parecen emerger, transfigurando y cualificando la vida en un estado de plenitud desconocida. No estaríamos pues ante cualquier profundidad, sino ante ésa misma que significa y desvela la unidad y plenitud de la vida y, en esa medida, la verdad en la vida. De ahí, que esa dimensión psicológica de la experiencia quede transcendida en la plenitud cognoscitiva y en la integrada textura de ser –ontológica- de lo desvelado. Con lo dicho estamos tocando el epicentro, no sólo del modo en que Jünger entendiera las experiencias con sustancias visionarias, sino del propio universo intelectual jungueriano.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Jünger, el más audaz en estos temas y también el más libre y el menos puritano. Sus relatos de experiencias con drogas en Acercamientos estremecen por su falta de pudor, su sinceridad y su humildad. Godenholm, la novela en la que narra sus experiencias con la LSD de la mano de Albert Hofmann sencillamente impresionante.

Peggy dijo...

Interesante ...gracias por el enlace ...
Saludos

Anónimo dijo...

Desde mi punto de vista la intuición más luminosa de Jünger es esa visión capaz de estar a la altura del dolor, de ir más allá de los desgarros y de integrar la vida en una visión panóptica. Indagar en esa capacidad de experiencia no dual creo que es la raíz del interés de Júnger por las sustancias visionarias...

jcaguirre dijo...

Lo que dices me recuerda a la actitud del Padre Lambros mientras espera a las huestes del Guardabosques en "Los acantilados de marmol"... Y también a un momento muy preciso de "Visita a Gondenholm"...

jcaguirre dijo...

Godenholm, por cierto.